UNA ANTIGUA ALQUERÍA AGRÍCOLA DIO ORIGEN A CASAS DE FERNANDO ALONSO
Paseo de las Tinajas. Foto José Luis Muñoz
Las tierras inmediatas a San Clemente están ocupadas por lugares cuyo topónimo empieza con “Casas de” y termina con un apellido, señal indudable de que todos ellos responden a un mismo patrón. A diferencia de otros muchos sitios de los que vamos visitando en este recorrido periodístico por la provincia de Cuenca, estos pueblos no son resultado de la primera repoblación cristiana desarrollada tras la conquista, a finales del siglo XII, sino de otra, de contenido económico y laboral, que a lo largo de los siglos posteriores adoptó la forma de colonización agrícola encabezada por un personaje que instaló una granja para poder efectuar mejor su trabajo sin tener que moverse del sitio, que desde ese momento empezó a conocerse por su nombre, que permanece inalterable sin que nadie sepa nada del fundador. Aquí, por ejemplo, podemos preguntarnos quien fue ese Hernando Alonso que puso los pilares necesarios para dar lugar al que terminaría por ser el sitio de mayor población de cuantos podemos encontrar por aquí y que tiene una curiosa originalidad, porque tradicionalmente convivieron los nombres de Casas de Fernando Alonso y Los Teatinos, hasta que en 1916 se consagró el primero de ellos como el oficial y definitivo, a pesar de lo cual aún algunas personas utilizan el segundo, si bien en sentido familiar y coloquial. Lo más extraordinario es intentar adivinar cómo y por qué pudo implantarse aquí el nombre de teatinos; en algunos lugares, no bien informados, se quiere justificar aludiendo a la posible existencia en las proximidades del pueblo, de un monasterio de la orden fundada en 1524 por san Cayetano y Juan Pedro Caraffa, obispo de Chieti, bajo la denominación de Clérigos Regulares cuyos miembros recibieron el apelativo de teatinos pero lo cierto es que no hay ninguna noticia de que en la provincia de Cuenca tuviera arraigo tal orden ni mucho menos hay señales de que pudiera tener una sede en estos parajes manchegos. Al parecer, en realidad, el origen se encuentra en una alquería montada por los jesuitas de San Clemente, pero volvemos al inicio; si eran jesuitas, ¿por qué se les llamó teatinos?
Por calles amplias, de
moderno trazado, sin necesidad de regatear espacios, se llega a la Plaza Mayor
que ofrece, a primera vista, un aspecto abigarrado, con abundancia de coches
aparcados donde cada cual puede, y eso incluye las fachadas de la iglesia y del
Ayuntamiento, que están aquí, casi dándose la mano la una con el otro. Ambos
edificios son nuevos y esta sencilla observación puede servir muy bien de
alegoría para entender lo que nos espera, porque con estas breve líneas queda claro que el pueblo
es un conjunto de configuración moderna; nada hay por aquí que recuerde, ni de
lejos, estilos arquitectónicos antiguos. El actual edificio municipal se reformó, en 1975 para darle la
configuración que hoy tiene, modificando por completo el antiguo, que era de
1840. Es un edificio de factura funcional, con un gran reloj en el
centro y grandes ventanales al exterior. Tiene tres plantas y por sus
dimensiones me parece uno de los mayores de la provincia.
Casi lo mismo
podría decirse de la iglesia, porque nada queda ni pudo conservarse del templo
primitivo, salvo los pies de la torre. El resto fue totalmente demolido y en su
lugar se levantó la iglesia actual en 1955. La anterior se había edificado en
la segunda mitad del siglo XVII y a pesar de la falta de detalles, cabe
imaginar que era un templo barroco y de pequeñas dimensiones; al menos, este
fue el motivo principal que se adujo cuando llegó el momento de su derribo.
Como se puede ver, es una construcción de sencillo trazado, aceptables
dimensiones, planta rectangular y tres naves, la central más elevada que las
laterales, con cabecero recto. Para entrar hay dos puertas, ambas formadas por
arco de medio punto, una en el piecero y otra en el lado de la epístola. La
torre está a los pies; es de ladrillo visto y se estructura en tres cuerpos,
con el campanario en el superior abriéndose un hueco en cada uno de los lados.
Un chapitel rodeado por una barandilla exterior remata esta edificación. No es
una construcción brillante o llamativa, pero sí muy digna en su estructura.
Junto a la sección
lateral de la iglesia arranca la calle del Calvario, la más larga y también la
más interesante de Casas de Fernando Alonso, porque en ella vamos a encontrar
un par de caserones antiguos, uno de ellos haciendo esquina con la calle del
Monte y más abajo, un edificio de elegante trazado y amplio despliegue de rejas
que parece ser la versión moderna de una antigua casa de labranza, cuya
disposición tradicional ha sido adaptada al nuevo uso doméstico. Dos vistosas puertas hacen suponer que dan acceso a otras
tantas viviendas; juntas presentan siete espectaculares rejas decimonónicas,
con alcance hasta el suelo.
Al final de la calle
debió existir en tiempos un calvario, puesto que esa es la denominación de la
vía, pero ahora lo que figura es una solitaria cruz, de perfiles modernistas,
rozando lo abstracto, sobre un pedestal de piedra. A continuación se abre un agradable
paseo orlado por sendas filas de árboles y título amable, Avenida de la Paz,
que nos lleva hasta el parque, dotado de los elementos necesarios en tal
instalación, incluyendo los carteles de advertencia sobre lo que no se debe
hacer. No falta tampoco un pequeño homenaje, en forma de lápida conmemorativa,
a un hijo del pueblo que brilló con méritos deportivos, Braulio Veliz López,
campeón de Europa de lucha libre y grecorromana, especialidad, todo hay que
decirlo, francamente insólita en la provincia de Cuenca.
Al lado de la fachada
lateral del Ayuntamiento inicia su recorrido la calle de San Antón, que sigue
un trazado ligeramente sinuoso, como de rúa antigua que se ha ido modernizando
un poco a la fuerza. El reclamo se encuentra casi al final, que antiguamente,
como cuentan las crónicas, estaba extramuros de la población, en las eras, pero
hoy queda dentro del casco urbano. Le llaman ermita de san Antón y sin ánimo de
querer corregir a nadie, no es exactamente lo que en el habla común se entiende
por ermita, sino un templete formado por cuatro columnas que sostienen la
techumbre bajo la que se cobija la imagen del santo. Más propia de este
concepto es una gran construcción situada en las afueras de pueblo y dedicada
conjuntamente a san Isidro y san Cristóbal, curiosa manera de solucionar de una
sola tocada dos necesidades. El edificio es bastante grande, con una airosa
arcada rodeando todo el perímetro. En la entrada, dos imágenes alusivas a estos
santos ofrecen la bienvenida al atractivo paraje; sobre una de ellas, a la
izquierda, han depositado un tractor; en la otra, a la derecha, la carrocería
de un coche, modo en verdad muy expresivo de ilustrar las dos denominaciones
santas.
Grande y amplio es
también el Paseo de las Tinajas, así llamado por la hermosa colección de
recipientes de este carácter que se alinean en una de las aceras y que es un
bonito modo de despedirse de Casas de Fernando Alonso. Hubo un tiempo, hace
años, en que los habitantes del lugar pensaron en que este título podría
vincularse a otro Fernando Alonso muy actual, campeón de automovilismo, e
intentaron invitarlo a que visitara el pueblo con la esperanza, quizá, de poder
vincularlo de alguna manera. Parece innecesario señalar que el protagonista no
se dio por aludido. Está muy ocupado haciendo kilómetros por esos circuitos
repartidos por el ancho mundo.
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