MÁS VALE DEJAR LAS COSAS COMO ESTÁN Y NO TOCAR EL JARDÍN
Me parece algo verdaderamente sorprendente y llamativo que la habitual mansedumbre de la ciudadanía conquense, capaz de soportar con impertérrito estoicismo cualquier desafuero que cometan los poderes públicos haya podido producir una tan intensa movilización popular por una cuestión en apariencia menor, la de salvar la permanencia en su actual estado de un pequeño jardincillo situado en el espacio más céntrico de la población. Sin duda, los promotores de esta operación debieron pensar eso, que como aquí todo viene bien, podría llevarse a cabo esa disparatada intervención y la gente diría tranquilamente amén. Pues resulta que no y en su lugar se ha producido esta maravillosa reacción colectiva que, al menos, debería servir para hacer pensar a quienes habitualmente no lo hacen. El caso debería merecer la atención de sociólogos y politólogos que se dedican a analizar el comportamiento de los seres humanos. Con lo que está cayendo en el mundo y especialmente lo que nos está acompa...