16 07 2026 PANORAMA DE CARA AL CÁLIDO VERANO
Reconfortado, anímica y mentalmente, con el bonito espectáculo del partido entre España y Francia, afronto la escritura de este último artículo antes del parón veraniego, envuelto en una cierta inquietud por no poder adivinar a ciencia cierta, o al menos aproximada, qué nos vamos a encontrar a la vuelta, el mes que viene. El asunto futbolero de estos días es ciertamente importante. Siempre se había dicho, en tiempos antiguos, que esa era la panacea que usaba la dictadura para engatusar a los españoles haciéndonos olvidar los muchos problemas en que el país estaba inmerso, argumento que no es de aplicación en estos tiempos, al menos en el mismo sentido, pero sí es preciso reconocer que mientras hablamos de este asunto, que tanto nos interesa colectivamente, conseguimos que se acalle el molesto runrún de la palabrería política y los enredos judiciales, dejado paso a esa otra cuestión, la deportiva, que aparte su interés intrínseco y proporcionar un buen rato de entretenimiento, nos ayuda a todos, incluso a quienes gusta mostrarse remisos, a encontrar una idea de país, a sentirnos miembros de una misma sociedad civil que encuentra ilusión en un bienestar colectivo.
A mí, personalmente, este reencuentro con
el fútbol televisivo me ha servido para rejuvenecer ideas, al recordar mis
comienzos periodísticos, precisamente en el sector deportivo, una experiencia
que se encontraba almacenada en ese cajón sin fondo en que se conservan los
episodios adormecidos de la experiencia. Mucho ha llovido desde entonces incluso
desde la última vez que me dediqué a esas cuestiones, en una aciaga temporada
de la Balompédica Conquense, de la que pocas veces se habla seguramente porque
nadie quiere recordar lo que pasó y no seré yo quien desempolve ahora amargas
historias, menos aun cuando el equipo parece encontrarse en vías de
recuperación de un horizonte mucho más optimista.
Nos espera un tramo de semana ciertamente
apasionante, hasta llegar a la final del domingo. Cuando escribo estas líneas
aún no se ha disputado la otra semifinal y por tanto ignoro si tendremos
enfrente a Inglaterra o a Argentina; apuesto por la albiceleste, no por nada en
concreto, sino porque me parece muy interesante ese choque entre dos
selecciones de diferente continente y ambas de habla español, pero vaya,
tampoco pasa nada si el cruce tiene otro sentido y el duelo final tiene
carácter europeo. En cualquier caso, estoy seguro, será un bonito
enfrentamiento que este sufrido y pese a todo estoico país acogerá con el mejor
de los entusiasmos, desde el convencimiento de que nada es imposible y menos
que nada un satisfactorio resultado deportivo que nos compense de otras
calamidades.
Con lo que salga de ese encuentro,
cualquiera que sea su signo, nos iremos a descansar, yo de tener que escribir
un artículo semanal y los lectores de leerme, si es que tienen esa afición, que
algunos creo que hay. Lo haremos mirando hacia el horizonte de naturaleza
indeterminada que nos espera al regreso, ya en agosto, habiendo pasado los
fastos del esperado eclipse, que con tantas expectativas se perfila, para
desconcierto de los escépticos que no podemos comprender ese enorme despliegue
turístico para ver algo que va a durar aproximadamente un minuto y en vísperas
de que arranquen las fiestas de San Julián, con su repetitivo e incansable
repertorio de propuestas de entretenimiento. Mientras, durante estas semanas,
habrá continuado el despliegue de actividades culturales que darán ocupación en
Cuenca a la Plaza de la Merced y algunos barrios y en otros puntos de la
provincia a la programación que impulsa la Diputación en espacios
patrimoniales, una idea ciertamente positiva, pero que debería tener en cuenta
las observaciones que hacía recientemente José Antonio Silva sobre la necesidad
de adoptar medidas de seguridad precisamente para garantizar la pervivencia de
ese patrimonio, que en el caso concreto de Segóbriga requiere un cuidado
especial porque se trata de un bien vulnerable y es totalmente necesario
conservarlo protegiéndolo. De forma paralela, se pondrá en marcha un nuevo
ciclo de conciertos en la catedral de Cuenca, que desde hace ya varios años
viene mostrando un extraordinario dinamismo en ese terreno en el que también,
siguiendo con lo anterior, se combina la cultura con un entorno artístico tan
sensible como el que nos ofrece el ámbito catedralicio.
Sobre unas cosas y otras sobrevuela de
manera permanente el riesgo de los incendios, sobre todo forestales, amenaza
latente que sentimos en un territorio como el nuestro, tan bien poblado de
vegetación arbórea sensible. Los últimos episodios han sido en verdad
espeluznantes y conviene no solo cruzar los dedos, sino mantener bien activos
los sistemas de prevención que con la necesaria eficacia impiden que tales
sucesos puedan surgir y desarrollarse. Ya sabemos que el clima no está ayudando
nada, pero la inteligencia humana es capaz de desarrollar iniciativas adecuadas
para combatir todos los peligros. Ojalá en este periodo de descanso no haya que
lamentar ningún problema de este tipo.
Teóricamente, el verano es un tiempo para
la molicie, perder el contacto con la realidad, olvidar penas y problemas,
liberar la mente, sanear el cuerpo y dejar que las ideas reposen plácidamente, sin
agobios. No estoy seguro de todo eso sea posible en una situación tan convulsa
como la que este país está viviendo desde hace ya muchos meses, pero si al mal
tiempo es conveniente poner buena cara, en la provincia de Cuenca tenemos un
buen remedio al alcance de la mirada: no hay más salir al aire libre, contemplar
el fabuloso panorama natural que se abre ante nosotros y disfrutar plácidamente
de él, cualquiera que sea la dirección tomada porque cada una con sus matices
definidores, la generosidad de la naturaleza es abundante en nuestras tierras.
Disfrutemos de todo ello en la medida de lo posible. Si es arropados con la
doble estrella de campeones del mundo, mejor, que a nadie le amarga un dulce.
Con esa perspectiva me despido, esperando volver a vernos dentro de un mes, si
a ustedes les parece bien.

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