LA OBRA DE CRUZ NOVILLO EN LAS CALLES DE CUENCA
Ya sabemos que es ley natural que no hay forma de esquivar. Su llegada es inevitable, por más que suenen inconsolables lamentos cuando finalmente ocurre para dar paso a una cascada de comentarios, más o menos afortunados, según las circunstancias y la fama del protagonista. La pérdida de José María Cruz Novillo no ha sido una excepción y su salida de este mundo ha ido acompañada de la inevitable necrología colectiva y declaraciones luctuosas de quienes siempre sienten la obligación de tener algo que decir. Todo ello responde a una lógica aplastante: quien ahora ha muerto ha sido una de las figuras más destacadas en el último medio siglo de la cultura española y lo ha hecho sin olvidar un solo momento su origen, el nacimiento en la ciudad de Cuenca, donde deja, como herencia, al menos dos elementos de singular importancia.
El
primero de ellos es haber dado nombre a un centro educativo que viene mostrando
desde su apertura un singular dinamismo, lo que explica el creciente atractivo
que despierta entre los jóvenes en edad de estudiar. La Escuela de Artes Cruz
Novillo vino a salvar uno de los muchos edificios obre los que planeaba un
futuro incierto, el convento de las concepcionistas franciscanas, bajo la
advocación de Nuestra Señora de los Ángeles de Guadalupe y de la Concepción (y
por ello conocido como de las angélicas) fundado en 1561, comunidad que pudo
sobrevivir hasta finales del siglo XX, en que las últimas cuatro monjas lo
abandonaron para trasladarse al convento de la Puerta de Valencia. Por fortuna,
a los pocos años la Diputación acudió al quite y en 1999 adquirió el edificio
por 150 millones de pesetas, pero sin saber muy bien qué hacer con él, aunque
entre los comentarios, más o menos difusos, circuló aquellos días la idea de
recuperar la antigua Escuela de Artes y Oficios que la institución provincial
había mantenido en tiempos de la República. Después de los inevitables dimes y
diretes el proyecto pasó a manos de la Junta de Comunidades y adoptó la forma
que hoy conocemos, una Escuela, que impartiría los estudios de la modalidad de
Bachillerato en Artes y los correspondientes a las especialidades de Artes
Plásticas y Diseño, ofreciendo dos nuevos ciclos formativos hasta ese momento
no disponibles en la provincia. El nuevo centro abrió sus puertas el 26 de
abril de 2004, seguido unos meses más tarde, el 4 de octubre, de la
inauguración oficial. En este tiempo ha mostrado sobradamente su solvencia
además de ser un dinámico factor para animar la mortecina existencia cotidiana
del casco antiguo de Cuenca.
La
Escuela de Arte Cruz Novillo está perfectamente identificada y nadie tiene
dudas de qué es y dónde está. No ocurre lo mismo con el otro punto de
referencia de los dos que he mencionado al comienzo de este artículo y ello es
así porque el Ayuntamiento de Cuenca tiene la fea costumbre de no rotular con
una placa identificadora los monumentos y esculturas que andan distribuidos por
diversas calles y rincones de la ciudad, de manera que muy pocas personas saben
que una de esas obras, precisamente la de mayor tamaño y por tanto más
espectacular lleva la firma de Cruz Novillo. Y por cierto, es solo una, aunque
deberían haber sido dos, pero la segunda se quedó en los cajones de los buenos
propósitos.
En
los primeros años del siglo XXI por el que estamos caminando la ciudad iba
avanzando a pasos presurosos expandiéndose por el eje marcado por la carretera
de Valencia. Surgían calles nuevas y bloques, muchos bloques de viviendas. En
ese incansable trajín, en 2006 se planeó la ejecución de una rotonda en la
Glorieta que se iba a formar al final de la calle Hermanos Becerril y comienzo
de la avenida Juan Carlos I con el cruce con las calle Río Chillarón y Ortega y
Gasset, pues todas confluyen en ese punto. En principio, a esa rotonda no se le
dio nombre específico, por lo que el habla popular empezó a llamarla coloquialmente
como “glorieta del Brickoking” en alusión directa al comercio situado en sus
inmediaciones y que ya no existe, sustituido ahora por un supermercado. El
proyecto, aprobado en noviembre de ese año incluyó una fuente ornamental,
encargándose la obra a la empresa municipalizada Empuser, que también ha dejado
de existir.
A
ese espacio urbano se le concedió en 2011 el título de Glorieta del Ingeniero
Ángel Pérez y para completar el espacio, algo desangelado entonces, se encargó
una monumental escultura al artista Cruz Novillo, que quedó instalada el 20 de
mayo de ese año, dos días antes de las elecciones municipales, por lo que la
inauguración quedó postergada pata el 4 de junio. La obra, definida por su
autor como un helicoide de once prismas cuadrados de dimensiones crecientes,
realizada en acero corten (material auto oxidable), cuya superficie se iría
modificando con el paso del tiempo a medida que sobre ella fueran incidiendo
los hechos meteorológicos, de manera que, según Cruz Novillo “cuanto más tiempo
pase y peor sea el tiempo, más bella será su textura”, opinión subjetiva que
quizá no cuente con el asentimiento de todo el mundo. La obra tiene unas
dimensiones de 7,20 por 15,90 y por
A
cambio, y volviendo a la realidad que tenemos al alcance de la vista, invito a
los cientos de ciudadanos que cada día pasan junto a esa rotonda a que
distraigan por un momento su atención del vehículo para echar una amistosa
mirada a esa obra ingente y magnífica de uno lo más grandes artistas que ha
dado esta tierra, el diseñador Cruz Novillo.
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