LA CUNA DE CAÑAVERUELAS ESTÁ EN ERCÁVICA
Hay lugares que terminan por quedar marcados por una circunstancia casual, geográfica, histórica o costumbrista, de manera que a partir de cierto momento su identidad propia casi desaparece para dejar paso a una identificación añadida que de alguna manera desnaturaliza su propia esencia. Ocurre con Cañaveruelas, que desde hace tres o cuatro décadas ha pasado a convertirse en el pueblo de Ercávica, desde el momento en que se fijó de manera ya definitiva la ubicación de esta antigua y potente ciudad hispano-romana, cuya existencia se prolongó en siglos posteriores hasta llegar al periodo islámico.
El
pueblo se encuentra a pocos kilómetros del embalse de Buendía, lo que lo sitúa
al norte de la provincia. El camino más directo para llegar hasta él discurre
por Huete y Villalba del Rey, cruzando los fecundos y bellos olivares
alcarreños, entre suaves lomas y nostálgicos paisajes que van acariciando
visualmente al viajero en su progresiva aproximación al lugar que, todo hay que
decirlo, tiene poco que ver como resultado del progresivo abandono de la
arquitectura tradicional, proceso que ha desnaturalizado tantos pueblos.
Siempre
fue villa de realengo, sujeta directamente a la corona formando parte de
El
paseo por las calles de Cañaveruelas no proporciona especiales sorpresas,
aparte la habitual de la iglesia, a la que luego haremos una visita o la
antigua del Pozo que tiene abovedado con potentes sillares. Lo demás es una
arquitectura convencional, adaptada a las necesidades de sus habitantes, que
han ido modificando y renovando las viviendas al compás de los tiempos, según
es costumbre aplicada en casi todos los sitios habitados.
La iglesia parroquial, que lleva el título de Nuestra
Señora de la Paz, es obra del siglo XVI y ciertamente tiene un respetable
valor. Se trata de una construcción muy sólida, con fábrica de sillería, en el
que se inscribe una discreta portada de medio punto con doble dovela aunque el
detalle más llamativo es la torre, situada sobre el Altar Mayor, de planta
cuadrada y con tarjetones colgantes y sillares de roca caliza, que se levanta
con una notable esbelteza que domina desde su altura todo el conjunto del
pueblo. El interior se estructura en
tres naves separadas por arcadas de cinco pares de grandes arcos de medio
punto, de sillería, sobre columnas de estilo dórico de grandes proporciones,
para culminar en un cabecero cuadrado. En su interior, el párroco Fernando León
Cordente se preocupó de instalar un interesante Museo en el que recogió piezas
de orfebrería, mantos, cantorales y casullas.
La mención a este buen sacerdote, fallecido hace apenas
un par de años, abre espacio en este artículo para recordar su inconmovible
afición por la historia y por la información, que le llevó a ser, durante
muchos años, corresponsal para el periódico y la emisora de Cuenca, a los que
enviaba unas crónicas apasionadas sobre las bondades y hechos de la comarca
alcarreña. Fue también Fernando León Cordente quien puso a los investigadores
en la pista de que aquellas pocas ruinas informes podían ser la señal de que en
ese lugar pudiera encontrarse algo más importante que unas piedras deslavazadas
y con su insistencia (y sus crónicas) logró despertar el interés de Manuel
Osuna, entonces director del Museo de Cuenca, que asumió con todo conocimiento
la investigación del lugar hasta conseguir establecer que ese es el punto en el
que se encuentra Ercávica, con lo que de paso puso término a un debate de
siglos para intentar situar debidamente en su sitio las grandes ciudades de
época romana existentes en la provincia de Cuenca.
Sobre
la existencia de Ercávica hay algunas difusas insinuaciones en los cronistas
antiguos. Así Madoz apenas señala que cerca del cauce del Guadiela “se ven
vestigios de una gran población”, concepto que repite Larrañaga en su famosa
guía, sin dar más detalles, como tampoco lo hace Torres Mena, que sobre este
asunto guarda un silencio total. El debate ya tiene punto final, yo creo que
definitivo y sin discusión como vienen confirmando los trabajos de excavaciones
que, sin prisas, se vienen desarrollando en el paraje.
Hay
también en Cañaveruelas una pequeña ermita dedicada a San Blas, el patrón del
pueblo, un sencillo pero agradable edificio de planta rectangular, construido
entre los siglos XVI y XVII, que tiene en su interior varios retablos de
interés, una valiosa colección de muebles y una talla policromada del santo,
original de Fausto Culebras. Pero la fiesta patronal por excelencia es la que
tiene lugar en el mes de agosto, en torno a la Virgen de la Vega. El llamado
"paseo de

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