REIVINDICAR A SAN JULIÁN
Lo que ha pasado estos últimos días no es nuevo. En tiempos antiguos, aunque todavía recientes, sucedió algo parecido, quizá con menos intensidad, porque aunque estas cosas no se pueden medir ni pesar, se me ocurre que el debate de ahora se ha mostrado con matices algo más rotundos, con alguna palabra más fuerte que otra. Incluso el obispado, que es un organismo extraordinariamente prudente, que no suele sacar los pies del tiesto, ha emitido un comunicado que por usar un término suave diría que ha sido muy severo, dejando traslucir algo más que irritación en su seno.
Ya
he dicho que este problema, que el día de san Julián no sea festivo, ocurrió
anteriormente y se aceptó de mejor o peor manera, pero sin enfados. En esta
ocasión sí lo hay y, desde luego, por emitir ya una opinión, la mía, diré que
no es muy presentable ni de recibo que el patrón de esta ciudad reciba un trato
que se podría calificar de humillante. No soy un experto en estas cuestiones y
por tanto no puedo aportar datos objetivos, más allá de los que almaceno en la
memoria, pero con toda seguridad que otros comentaristas mejor preparados, como
José Vicente Ávila o Antonio Rodríguez podrían avalar lo que digo. El día de
san Julián, este 28 de enero, se celebró siempre, aunque es cierto que con muy
poca brillantez y fue siempre festivo, hasta que apareció en el panorama san
Mateo, cuyos partidarios se las han ingeniado en los últimos años para
convencer al consistorio municipal de que el 21 de septiembre debería ser el
día festivo y no el del patrón. La cosa, planteada así, es verdaderamente
ridícula y daría tema para una película estrambótica, tipo José Luis Cuerda o
Luis García Berlanga, grandes analistas el esperpento nacional, en que dos
santos católicos se disputen los honores de la fiesta. Pero además hay que
considerar que el día de san Mateo no necesita para nada esa declaración porque
la tenga o no, la fiesta está asegurada y la participación garantizada.
Hace
años, la festividad del día de san Julián servía para que los conquenses se
marcharan en masa a Madrid a comprar en El Corte Inglés o tiendas similares,
además de disfrutar de los placeres gastronómicos de la capital. Naturalmente,
eso ya no es necesario, porque las cosas han cambiado una barbaridad y a estas
alturas se puede comprar cualquier día y por medios muy variados, de modo que
puede haber llegado el momento de que el 28 de enero se contemple con otra
óptica y se ponga en marcha una operación reivindicativa de la figura de Julián
ben Tauro, el mozárabe toledano que Alfonso VIII eligió para que diera forma
definitiva a la diócesis de Cuenca, tras los primeros pasos asentados por Juan
Yáñez.
No
me olvido, en absoluto, de que, al margen de estas quisicosas oficiales, se
mantiene de manera muy firme la entrañable costumbre de hacer romería a la
ermita de san Julián el Tranquilo, en lo que es una extraordinaria experiencia
sensorial pero hay que ser realistas y comprender que ese precioso paseo por la
Hoz del Júcar no está al alcance de todo el mundo por dificultades obvias.
Respetando pues ese rito, habría que buscar otras alternativas para que el día
del patrón alcance una dimensión respetable. Hace apenas cinco días, el 23, ha
sido san Ildefonso, patrón de Toledo y lo que hacen allí podría servir de
modelo o arranque parea configurar una nueva dimensión festiva en torno a la
figura de san Julián. Para que este sea un día descafeinado se ha recurrido
siempre al fútil pretexto de que como es invierno y hace mucho frío la gente de
Cuenca no tiene ganas de celebraciones. Argumento falaz como se puede comprobar
echando un vistazo al calendario: desde Valverde de Júcar a Valera de Abajo y
Las Mesas, pasando por Olivares de Júcar, Alarcón, Villalba del Rey, Campillos
Paravientos e incluso el pequeño Collados, hasta llegar a Almonacid del
Marquesado, el frío invernal no ha sido nunca óbice para haya fiesta, jarana,
alegría y lo que haga falta en cualquier celebración. Y si dirigimos la mirada
hacia otros niveles ahí está la bella Donosti, que el 20 de enero de cada año
tira la casa por la ventana para festejar a san Sebastián.
Como
estamos en tiempos de derribar barreras consolidadas y eliminar tópicos
asentados en criterios aburridos, probablemente ha llegado la hora de plantear
que es conveniente reivindicar la celebración festiva, con todos los honores,
del día de san Julián en estos finales de enero. Puede hacerse, si se quiere. Lo
que pasa es que para ello hay que convocarla y promoverla.
La
cosa probablemente no es fácil, porque son muchos años de apatía y desinterés y
muchas las generaciones que han visto pasar el tiempo sin que surgiera estímulo
alguno. Desde luego no creo que fueran posible unas fiestas patronales en el
estilo de las que se celebran en agosto, pero sí podría llevarse a cabo un
programa de suficiente dignidad que diera algo de prestancia a la jornada,
aparte la consabida misa solemne en la catedral. Ya me he referido a Toledo y
no voy a repetirme, porque tampoco es cosa de copiar por copiar. Una jornada
así, aislada, es buena para organizar una exhibición folklórica en la Plaza
Mayor, o una exposición de tipo histórico como las que se hacían años atrás (y,
por cierto, han dejado de hacerse), algún amable concierto en uno de los
espacios adecuados, ruta por los museos, las siempre bien recibidas ofertas
gastronómicas, etc., etc. Una buena difusión de un programa atractivo serviría
para atraer hasta Cuenca ese día algunas docenas o centenares de personas, de
esas que siempre están dispuestas a viajar a cualquier sitio si la oferta
merece la pena. Naturalmente, nadie va a venir un 28 de enero a no hacer nada,
pero si hay propuestas, seguro
Y
ello pasa, necesariamente, por la declaración, siempre, de que este es un día
festivo sin necesidad de estar todos los años en competición con san Mateo, que
como he dicho antes, no necesita para nada un apoyo de tal naturaleza.

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