05 12 2020 LIMPIAR LA CIUDAD DE OBJETOS INÚTILES


      Los lectores me perdonarán (si quieren hacerlo, claro) pero soy un ciudadano escéptico en todo lo que tiene que ver con las denominaciones, más o menos solemnes, que se adjudican a entidades, colectivos o personas. Tenemos muy reciente la manera estrepitosa como se ha desmontado el mito de que teníamos la mejor Sanidad del mundo. Ha bastado una oleada de microvirus para llevarse por delante una afirmación que, por estar asentada en pies de barro, se ha desmoronado en menos de lo que tardo en escribir estas líneas. Podríamos poner otro camelo que igualmente se repite de manera constante, el que convierte a Cuenca en una ciudad cultural de primer orden cuando tiene tales penurias y deficiencias que apenas si destaca por encima de otras de un nivel muy inferior

      Ahora resulta que la ciudad se adhiere a la Red de Destinos Turísticos Inteligentes, título que entregará una empresa pública hasta ahora desconocida para mí (y supongo que también para el común de los mortales), que ha presentado un plan de acción a desarrollar en dos años y en el que se indican 400 parámetros sobre los que se deberá actuar para poder alcanzar el ansiado distintivo. Una idea más, que se une a otras muy recientes.

      En el horizonte inmediato, casi de hasta ayer mismo, se encuentran el Plan de Dinamización Turística, el Centro de Recepción de Turistas, la Fundación de Congresos de Cuenca, la Fundación de Turismo de Cuenca, el Plan de Excelencia Turísticas, la Mancomunidad del Alto Tajo, la Mancomunidad de Promoción Turística de la Serranía de Cuenca, sin olvidar que ya en el año 2015 el presidente actual de la Comunidad Autónoma anunció que el gobierno regional estaba trabajando en la elaboración de un plan estratégico de turismo específico para Cuenca, teniendo en cuenta la peculiaridad de esta ciudad nuestra. Todas estas ideas, incluyendo el que fue prometedor Plan de Dinamización Turística, han venido a resultar perfectamente inútiles, y por eso mismo están ya olvidadas, por no hablar de las esperpénticas Fundaciones cuya limitada vigencia en el tiempo impidió que pudieran llevar a cabo ninguna actuación positiva de amplia proyección. Simplemente, ocuparon un hueco burocrático para luego desaparecer.

      Reconozco -faltaría más- el derecho de cada corporación a inventar sus propios mecanismos de actuación y a envolverlos en toda esa palabrería ya de uso común: accesibilidad, transparencia, movilidad, marketing, estrategias, tecnología, herramientas online, innovación, competitividad, sostenibilidad, interacción, comunicación participativa y, naturalmente, gobernanza, que no se olvide decir lo de gobernanza, porque sin esa palabreja ningún discurso político merece la pena ser escuchado. A lo que se debe unir la imprescindible alusión al Plan Estratégico Smart City, la EDUSI horizontal 2023 y otros mecanismos igualmente atractivos. Si no se dicen esas cosas y otras similares, el discurso no es creíble.

      Como ya dije al comienzo que soy un ciudadano escéptico, comprenderán que considere mucho más útil otro tipo de operaciones, domésticas y sin tanto relumbrón. Por ejemplo, me parecería del máximo interés que se pusiera manos a la obra de eliminar por completo el numeroso aparataje de inútiles, sucios y deteriorados indicadores turísticos repartidos por toda la ciudad y que no informan de nada y que igualmente fuera barrido del todo el ridículo repertorio de relojes-termómetros que ni dan la hora ni marcan la temperatura. Esto es una cosa muy sencilla, que se resuelve en un pis-pas, dejando la ciudad limpia de objetos inútiles. Eso sí iría en favor del turismo y de la imagen de la ciudad, sin necesidad de planes, palabras rimbombantes ni discursos grandilocuentes.

 

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