UNA SORPRENDENTE ERMITA RUPESTRE EN CAMPILLOS DE LA SIERRA
Casi todos los pueblos quedan identificados por un detalle concreto, un monumento, un paraje, una costumbre social o folklórica. Campillos de la Sierra no es una excepción y tiene también su elemento definidor con el añadido, no menos curioso, que la conservación del paraje no solo está a cargo del pueblo, sino también de otros tres, en una suerte de responsabilidad colectiva que todo el mundo acepta con normalidad.
Campillos
de la Sierra es un lugar del marquesado de Moya, en el sector nororiental de la
provincia de Cuenca, en una de las posiciones de mayor altitud que haya en la
provincia, 1.253 metros, en el corazón de las sierras de Cañete y de Valdemeca.
De su historia se sabe poco, porque escasos han sido los acontecimientos que
por aquí han tomado forma a lo largo de los siglos. Con toda seguridad, se
trata de un pueblo surgido al amparo de la tarea de repoblación emprendida en
los páramos serranos tras la conquista cristiana del territorio, a finales del
siglo XII, si bien no está bien definido desde dónde se impulsó esa repoblación,
porque parece que la capital, Cuenca, no tuvo mucho que ver en un proceso que
le quedaba muy lejos.
No
hace falta invertir muchas palabras para hablar de la magnífica disposición
natural del paisaje que da carácter a estos espacios serranos, sobre los que
crecen abundantes masas de pinos y quejigos, con algunas sabinas aisladas que
han podido resistir la masiva destrucción de este hermoso árbol y entre los
cuales corren multitud de arroyos pero sobre todo el que al llegar aquí recibe
el nombre de río de Campillos, que en realidad es el mismo que en su primer
tramo recibe el nombre de
La realidad es la que nos lleva de la mano al interior del pueblo, que se articula en torno a un gran espacio de perímetro irregular, la Plaza Mayor, de considerable amplitud espacial, formada por edificios particulares y el Ayuntamiento, de moderna arquitectura. El conjunto de la edificación ha sido totalmente renovado, de manera que apenas si quedan ejemplos de la construcción tradicional, salvo un excelente repertorio de pajares, en el sector próximo a la ermita de San Antonio, una espléndida colección de elementos aislados, destinados en origen al almacenamiento de aperos de labranza y grano, edificados en mampostería vista y casi todos con cubiertas a dos aguas, sin huecos en la mayoría y con una sola puerta para el acceso. Entre estos elementos, la iglesia parroquial destaca poco, porque es una construcción de carácter popular y planta marcadamente rectangular con cubierta a dos aguas sobre la que se alza una pequeña espadaña. El interior, de una sola nave, carece de ingredientes decorativos pero sí hay que poner énfasis en la bóveda constituida por cerchas de madera que, al parecer, estuvieron policromadas anteriormente. En el presbiterio se encuentra un retablo de bastante interés, como también lo tiene la pila bautismal, labrada en una sola pieza, seguramente de origen románico o gótico.
Pero
es hora de satisfacer el posible interés que haya despertado en el lector la
alusión inicial contenida en este artículo a una singular ermita que es,
ciertamente, algo muy sugerente. Entre los ríos Campillos y Tejadillos se alza
el cerro de Altarejos, que destaca en el ámbito de un profundo valle, a
Delante de la ermita quedan todavía restos de la que fue casa del ermitaño. La ermita estaba al cuidado de catorce pueblos de la comarca, cada uno con su día de peregrinación además de la general de la festividad pero en la práctica, el culto y el cuidado de la ermita queda hoy circunscrito a solo cuatro lugares: Campillos de la Sierra, Huerta del Marquesado, Valdemoro de la Sierra y Tejadillos. Había también un albergue de peregrinos, con cuatro entradas independientes, una para cada uno de los pueblos citados.
La tradición repite, de manera
incansable y con absoluta convicción, que el día 1 de septiembre del año 1208,
en un montículo rocoso y forestal, en el paraje conocido como Altarejos, al
lado del río de Tejadillos, el pastor José Gil Páez, vecino de Valdemoro de

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