EL EXTRAÑO CASO DEL MUSEO QUE NUNCA EXISTIÓ
En la primera Guía turística de Cuenca, publicada en 1923 bajo la dirección de Rodolfo Llopis se hace constar que es una “Edición hecha por el Museo Municipal de Arte”.
En
los últimos días de 1926 hubo en La Constancia una exposición de fotografías de
Luis Martínez Kleiser sobre Cuenca. Y comenta la prensa: “Terminada la exposición, el señor Martínez
Kleiser las regala a nuestro municipio, el cual las dedicará al Museo Municipal
que se instalará en las Casas Colgadas”.
En el edificio situado en la calle Obispo
Valero número 8, en la clave del dintel de la portada, figura la inscripción
“Museo Municipal AÑO MXCLV”, que dicho en román paladino significa 1945.
Naturalmente, nadie que intente penetrar por esa puerta encontrará tras ella
alguna cosa parecida a tal museo.
Ni
en 1923, ni en 1926, ni en 1945 existía Museo Municipal en Cuenca y, de hecho,
sigue sin existir, aunque han pasado ya más de cien años desde la fecha
primeramente citada. A mayor abundamiento, en el seno de la corporación
municipal actual o en las que han regido la vida de la ciudad en las últimas
décadas, no existe ni la más remota intención de poner en marcha un Museo de
estas características. Más aún, es un asunto que no preocupa en absoluto, ni al
partido en el gobierno ni a los que están en la oposición. Este es sin duda uno
de los casos más extraordinarios que pueden encontrarse en esta ciudad que, de
extravagante, llega a ser absurda en bastantes aspectos.
En aquellos días ya centenarios, el
Ayuntamiento estaba convencido de que era firme el propósito de crear el Museo
Municipal e incluso daba por hecho que existía, como se puede deducir del
acuerdo adoptado en 1922 de crear el
patronato del Museo Municipal, integrado por Giménez de Aguilar, Rogelio
Sanchiz, Eduardo Zomeño, Segismundo Medina y Rodolfo Llopis. De esa
forma, los promotores del Museo pretendían hacerse la ilusión de que,
mencionándolo, la cosa ya estaría hecha o de que los responsables municipales
se sentirían moralmente obligados a llevar a la práctica lo que de boquilla
estaban diciendo. De hecho, se recopilaron algunas obras que estaban
depositadas en distintos lugares y se fueron almacenando en un local en el
convento de la Merced, de donde saldrían más adelante para dar forma al
incipiente Museo.
El proyecto venía de más atrás, de finales
del siglo XIX, cuando este tipo de instituciones, encaminadas a recoger y
exponer públicamente las obras más destacadas de los artistas locales, va
tomando forma en toda España, de manera que casi todas las capitales de
provincia (y también en otras localidades importantes) montaron su propio Museo
Municipal. En el caso de Cuenca, a la primera no hubo suerte, pero la idea se
recuperó pasada la guerra civil: se eligió el sitio adecuado y se nombró un
director, Luis Roibal, que con el mejor de los entusiasmos puso manos a la
tarea de recopilar la obra ya existente y adquirir otra nueva, que debería
quedar expuesta en el caserón de la calle Obispo Valero. Pero no fue ese el
primer destino elegido.
En
el año 1955, dentro del amplio movimiento regeneracionista surgido en aquella
brillante corporación municipal encabezada por Jesús Moya Gómez, aparece la
idea de constituir un Museo Municipal. El espacio elegido fue el viejo y noble
caserón que había sido Pósito o Almudí, al borde de la ciudad antigua y sobre
el cauce del Huécar. El arquitecto municipal, Eduardo Torallas, fue el
encargado de preparar el necesario proyecto de adaptación del inmueble. Para ir
preparando el ambiente ante lo que se avecinaba, el Ayuntamiento organizó una
exposición de Arte contemporáneo que alcanzó un extraordinario eco en la ciudad
y a la que siguió otra de arte sacro, no menos bien recibida.
A partir de agosto de 1955 encontramos en
sucesivas reuniones de la Comisión Municipal Permanente acuerdos para adquirir
obras de arte o aceptar donaciones. Luis Roibal, disponiendo ya del título de
delegado para organización del Museo de la Ciudad, se mostró muy activo en ese
terreno, pero en 1959 el artista fue despedido y cesado en su cargo, como acto
premonitorio de que el proyecto de Museo pasaba a mejor vida, resultado de uno
de los habituales y crónicos cambios de rumbo que caracterizan la gestión municipal
conquense, la idea, tal como había llegado, se olvidó. . Y en esa situación
permanece
Recupero estas viejas noticias al hilo de
la que anuncia la próxima retirada de la Colección Roberto Polo, dejando libre
el edificio de la iglesia de Santa Cruz. Tengo entendido que se ha encargado al
actual director del Museo de Cuenca la preparación del nuevo Museo Local y
sospecho que su intención será dar remedio al viejo problema que el mismo tiene
planteado con la sección de Bellas Artes que se formó al abrir el Museo y que
ahora permanece almacenada. Es un propósito loable, sin duda, pero el
Ayuntamiento debería salir del estado de languidez en que permanece para
intentar también buscar solución a sus propios fondos artísticos y de una vez
por todas dar forma al Museo Municipal que lleva ciento tres años esperando.
(La foto que ilustra este artículo corresponde a una de las salas dedicadas a
los artistas locales, en el primer montaje del Museo de Cuenca).

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