UN ELEGANTE CASTILLO Y BELLOS PARAJES EN TORNO A CARDENETE
No son pocos los elementos de interés que se pueden encontrar en Cardenete, uno de los lugares más atractivos del amplio espacio de la Serranía de Cuenca que se adentra a través de senderos misteriosos en busca de la zona oriental de la provincia, acercándose cada vez más a la región levantina, cuya influencia tanto se deja sentir a medida que esa aproximación se acentúa. La carretera, a partir de Carboneras de Guadazaón, camina paralela a la línea del ferrocarril. Contemplar en el mapa esas dos líneas marcadas juntas produce una gran desazón por no decir palabras más gruesas, ante la impotencia con que nos vemos obligados a asumir unos hechos básicamente injustos y, con toda probabilidad, irremediables. Con esta perspectiva, la abandonada estación es sólo un elemento condenado a su más completo olvido. Nostalgias y lamentos aparte, centrémonos en lo que interesa, o sea, el presente tal como es, pero sin desconocer, mucho menos olvidar, que hay abundantes referencias de un pasado remoto que llega hasta el hallazgo de fósiles de animales prehistóricos, pasando por otros de épocas posteriores hasta llegar a los romanos, pero esos indicios, ciertamente débiles, no deben hacernos olvidar que el origen efectivo del pueblo actual se produce, como en tantos otros, durante la repoblación cristiana de la Edad Media. Pronto se integró en el marquesado de Moya, que dio lugar a una autentica época de brillantez, cuyo símbolo visible es el potente castillo que domina la población y que sin duda imprime un carácter singular al espacio urbano.
El pueblo, la villa, por decirlo
correctamente, puesto que lo es desde 1632, se articula básicamente a partir de dos plazoletas
próximas entre sí y articuladas a través de dos edificios públicos, uno de
ellos muy atractivo, el antiguo Pósito. Se trata, de forma evidente, del núcleo
central en cuyo entorno se fue desarrollando el espacio habitado y en el que se
incluyen tanto la iglesia parroquial como el Ayuntamiento. A pesar del natural
deterioro que el paso del tiempo y el afán modernizador ha ido introduciendo en
este espacio, se conserva todavía un cierto espíritu tradicional, tanto por los
edificios citados como por la presencia de algún elemento ornamental como la
fuente con tejaroz, alguna reja, portalones de madera, balconadas, etc. En las
afueras, en la carretera en dirección a Víllora, se organizan edificaciones de
carácter industrial y agrícola, el antiguo molino, las eras, huertas, etc.
Una larga calle, la del Obispo Torrijos, natural de
Cardenete, cruza casi todo el pueblo por el interior, en paralelo a la
carretera. En ella puede encontrarse algún caserón antiguo, en apariencia
abandonado. Desde la Plaza Mayor, donde se ubica el Ayuntamiento, la calle
Nueva conduce hacia la parte más renovada y alta del lugar, vinculando el
acceso al castillo. En ese espacio se encuentran edificios de valor, como el
Pósito, la antigua Cárcel, la Casa Palacio del Obispo Torrijos levantada por su
padre para acoger dignamente al prelado y el Ayuntamiento, obra del siglo XVIII
que ofrece hacia la plaza una magnífica balaustrada. Otro edificio antiguo,
conocido como Los Arcos, sirve ahora de Centro de Salud. Muy interesantes son
también dos fuentes situadas en la misma Plaza Mayor: la de los Dos Caños y
Acercarse a ver el castillo parece cosa obligada.
Levantado en 1522 por orden de los marqueses de Moya, con el fin de defender
esta vertiente de sus dominios, se encuentra situado en posición ligeramente
elevada, en un pequeño montículo a las afueras del pueblo, junto a la carretera
de Villar del Humo, posición que le permite dominar tanto el pueblo como el
paisaje inmediato. Es obra de traza plenamente cristiana y renacentista, de no
grandes dimensiones, con un solo cuerpo de planta cuadrada, cuatro torres
circulares, ventanas semicirculares y aspilleras que alternan con el juego de
almenas que circundan el edificio. Ciertamente, es admirable. Como lo es
también la iglesia de la Asunción, de nobilísima
arquitectura clásica, construida en distintas etapas a lo largo de los siglos
XV a XVII asumiendo formas procedentes del tramo final del gótico, como puede
apreciarse en la portada del lado sur, pero la fachada principal es de clara
influencia herreriana, compuesta de dos cuerpos de órdenes clásicos, dórico el
inferior y jónico el superior. Pero la iglesia de Cardenete tiene un auténtico
tesoro, un órgano clásico, felizmente restaurado por los hermanos Desmottes,
que desde 2013 se puede oír en las grandes ocasiones, como ocurrió este año en
la última edición de las Semana de Música Religiosa.
Hay
por aquí un extraordinario repertorio de parajes naturales de atractiva
belleza, casi todos vinculados a las riberas del Cabriel, sin olvidar la ermita
de San Antonio de Padua, punto de cita para excursiones y romerías, con acceso
por un elegante paseo cerrado por una verja. El recinto incluye abundante
vegetación de pinos, chopos, olmos y sauces que dan lugar a una amplia área
recreativa. La ermita propiamente dicha es un edificio de estilo popular aunque
de influencia clásica, levantado en el siglo XVII; ni que decir tiene que san
Antonio es el patrón de la villa, pero las fiestas de más tronío son en agosto,
en honor de la Virgen de la Asunción, con organización a cargo de la peña de Los
Sanachaores, asunto que bien
merece un tratamiento especial, porque hay muchas cosas curiosas que contar
sobre este ritual.
Por su parte, Heliodoro Cordente menciona el dato llamativo
de que “a finales del siglo XVII existía en Cardenete una cuadrilla de toreros
que fueron contratados para actuar en Cuenca en los años 1689 y 1690 que, sin
duda, son los primeros toreros conquenses de los que se tienen noticias
documentadas”. Lo cual es verdaderamente una nota interesante, una más de las
que se pueden mencionar en este
apresurado acercamiento a la villa de Cardenete.
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