CAÑAVERAS, AL AMPARO DEL CERRO DEL CASTILLO
La carretera N-320 se desliza hacia el norte por medio de un trazado bastante cómodo, quizá de los mejores que hay en la provincia de Cuenca que, dicho sea de paso, no es especialmente afortunada en este asunto en el que más bien abundan los ejemplos contrarios, como sabemos bien quienes tenemos la costumbre de viajar por estos senderos asfálticos. Aquí, en la que ahora comento, el viaje se puede hacer sin especiales sobresaltos para avanzar en busca de Cañavera, situada en el corazón de la Alcarria, a pocos kilómetros de la cabecera del embalse de Buendía. En la aproximación al lugar, la carretera, que discurre entre amables olivares, se precipita en una audaz cuesta abajo obligada por el cauce del río Guadiela, que por aquí vive sus últimos metros, antes de desembocar en el Tajo. Lo del nombre del pueblo parece que no tiene especiales misterios, pues tiene que ver con cáñamo, caña, carrizo, esto es, un terreno poblado de cañas, como hay por aquí tantos otros.
El núcleo principal
queda a la derecha, amontonado a la sombra de un potente cerro cuya señal
visible más conocida es el conjunto de cuevas que pueblan su ladera, pero al
otro lado de la carretera también han ido creciendo algunas construcciones,
pocas todavía. Cuentan que por aquí se encontraron abundantes
vestigios arqueológicos, sobre todo de la época romana, pero yo creo que no se
han hecho las necesarias exploraciones como para determinar con precisión la
importancia de lo que pudiera haber. Aparte esa remota e indefinida referencia,
el pueblo actual tiene su origen, como casi todos los que hay por aquí, en la
repoblación cristiana del siglo XIII. Corre
por estas tierras el río Merdanchel, con un caudal muy reducido aunque
constante, por lo que suele ofrecer agua suficiente tanto para el riego como
para el suministro de los antiguos molinos además de propiciar una producción generosa de todo tipo de hortalizas, que han disminuido
en los últimos años para limitarse hoy a pequeños huertos familiares para el
autoconsumo.
Como
ya he indicado, el caserío se encuentra agrupado en las laderas del cerro en
cuya cumbre había un pequeño castillo del que hoy sólo quedan apenas unos
mínimos restos que no permiten la identificación de aquella construcción, a
cuyo amparo se fue desarrollando la edificación por la calle de San Martín
hacia la Fuente del Coso en una dirección y por la otra a través de las calles
Humilladero y del Cura para llegar a la iglesia, el Ayuntamiento y la Plaza
dando lugar a la estructura que aún se puede apreciar en este sector urbano: un
conglomerado de casas, que a duras penas han podido ser alineadas a partir de
la Plaza, marcando la línea de la calle Real como eje viario fundamental pero a
partir de la que se mantienen en buena medida algunas de las calles
tradicionales, en las que hubo, según cuentan algunos relatos antiguos, algunas
casonas y edificios citándose las Casas de la Inquisición y la de los Carrillo
de Mendoza. Sin embargo, la población se ha ido
extendiendo hacia la parte baja buscando la proximidad con la carretera y dando
así lugar a un urbanismo más elaborado, habiendo desaparecido en su casi
totalidad los ejemplos que había de edificación tradicional.
En ese complejo urbano destaca de manera especial la fábrica de
la iglesia de san Martin de Tours, un excelente
ejemplo del Renacimiento rural conquense, cuya traza se atribuye por los
expertos a Andrés de Vandelvira, que podría haber sido responsable de la
cabecera poligonal y el primer tramo de las naves, construidos en la primera
mitad del siglo XVI, coincidiendo en efecto con la estancia del arquitecto en
Cuenca, cuyo estilo parece ofrecer serias similitudes con esta iglesia, si bien
la realización efectiva del resto corrió a cargo del guipuzcoano Pedro de la
Vaca el Viejo (1533-1598), que se encontró la obra ya iniciada y respetó el
trazado inicial, si bien la obra sufrió algunas alteraciones hasta llegar a su
finalización, ya a mediados del siglo XVII.
El
resultado final es un edificio de sólida construcción que, como apunta el
Catálogo Monumental de la Diócesis, tiene “más calidad artística al interior
que al exterior”. La fábrica es de sillería con contrafuertes en las esquinas
del ábside y en las que corresponden a las capillas. Lástima que la perspectiva
general del inmueble se vea afectada por la incómoda presencia de la
casa-curato, construida en el tramo final del siglo XX adosada al cuerpo de la
iglesia, que tiene dos puertas de acceso. La principal presenta un acabado de
más elaboración, y por encima del entablamento una hornacina vacía en forma de
venera que se une con el cuerpo inferior por unas volutas.. En el interior
podemos encontrar una planta de salón, distribuida en tres naves de gran
amplitud, con un acertado equilibrio en sus dimensiones, destacando la belleza
de los pilares compuestos de planta cruciforme y formados por cuatro medias
columnas lisas apoyadas en pedestales moldurados.
La
iglesia, desde luego, tiene su mérito, dentro de las limitaciones impuestas por
su condición rural, pero el edificio que realmente arrastra las voluntades de
quienes viven en Cañaveras es la ermita de Nuestra Señora del Pinar, situada extramuros
de la población, en el seno de un amplio pinar en lo alto de un cerro desde el
que se domina la población. La imagen titular, según tradición inmemorial, se
apareció a un pastor hacia el año 1200, en las ramas de un pino. Es un templo
de importante volumetría, mucho mayor de la que es habitual en este tipo de
construcciones populares. Tiene dos entradas, una al frente y otra lateral,
ambas formadas por arcos de medio punto pero de diferente trazado. En el
interior se puede ver una sola nave bordeada por pasillos laterales para
culminar en el altar mayor, de mármol blanco, realizado después de la guerra
civil. En posición aneja al edificio de la ermita se encuentran otras
construcciones de tipo popular; una era la residencia de la santera y otras
debieron servir para alojamiento de peregrinos, ambas ya fuera de uso.
El último domingo de mayo se
subía a la virgen en romería con burros, mulas o andando y se comía en el
pinar. Cuentan que había también entrada de moros y cristianos. Ahora, como es
natural, la excursión se hace con medios más cómodos. En el segundo domingo del
mes de septiembre se celebra la fiesta de la Virgen del Pinar, y es fecha muy
señalada en el calendario de toda la comarca alcarreña. También es fiesta,
aunque con menos tronío, la del patrón, San Martín, en noviembre. Otra ermita,
dedicada a San Antón, es de pequeño tamaño y está en el interior del pueblo, en
el centro de una
plazuela que lleva el mismo nombre.
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