15 04 2021 OCHOCIENTOS AÑOS CUIDANDO ENFERMEDADES

 


Desde lo alto de un pequeño altozano, una sobria y a la vez elegante arquitectura contempla cara a cara el corazón de la parte alta de Cuenca y, de paso, también, el entramado tan sugerente del barrio de San Antón, que desde aquí se puede ver con todos sus matices, como si estuviera al alcance de la mano. Para mi gusto personal, este es uno de los rincones más atractivos de Cuenca, un lugar que debería ser punto de visita obligada para quienes se acercan a hacer turismo a la ciudad (cuando se pueda hacer tal cosa) pero también un reclamo incisivo a los naturales de aquí, tan gustosos siempre de las cosas propias. Sin embargo, el Hospital de Santiago no cuenta con tanto predicamento como otros sitios, la Catedral, San Pablo, las Casas Colgadas, por no hablar de los parajes naturales a los que una y otra vez volvemos todos. Pero ahí está esa institución, la primera que tomó forma en Cuenca, junto con el Ayuntamiento y el Obispado, antes que cualquier otra. Más de ochocientos años (844 para decirlo con precisión) prestando un servicio asistencial y sin molestar a nadie.

            Nos ha tocado vivir tiempos desconcertantes porque resulta muy difícil comprender lo que está pasando. Entre tanta oscura confusión emerge el papel destacado que viene prestando el sector sanitario en su conjunto y ello a pesar de que no siempre ha contado con los medios suficientes para afrontar una situación como la que venimos padeciendo. Pero si lo que ocurre ahora es complicado, cuando tenemos hospitales, centros de salud, consultorios y todo lo que forma parte de la estructura asistencial, podemos imaginar el estado, ciertamente terrorífico, en que se podían desenvolver las frecuentes epidemias antiguas o, sin necesidad de dramatizar, cualquier problema doméstico. Para resolverlo estaba, en solitario, el Hospital de Santiago.

            El título proclama quien lo fundó, la Orden de Santiago, que siempre se vincula, por inercia, a Uclés, olvidando que en la capital de la provincia también tuvo un importante asentamiento. El Real Hospital de Santiago tuvo su origen en la donación que hicieron al primer maestre de la Orden en 1182, los caballeros Tello Pérez y Pedro Gutiérrez, de unas casas, situadas en un altozano extramuros de la ciudad, muy cerca de la confluencia de los ríos Júcar y Huécar, que a su vez habían recibido de Alfonso VIII en recompensa por su ayuda a la conquista. Los santiaguistas destinaron al principio la fundación a hospedaje y restablecimiento de cristianos rescatados del cautiverio. Luego se transformaría en Hospital para enfermos pobres y peregrinos. Contaba con una amplísima huerta y un molino hidráulico, el mismo que luego fue Real Casa de Tapices y ahora es un moderno restaurante.

Por entonces, el edificio era más bien sencillo: una casona de dos plantas, con su iglesia o capilla adosada hasta que en el siglo XVI la Orden decide reedificarlo ampliándolo. El nuevo edificio se situaría alrededor de un patio central de columnas toscanas, una verdadera preciosidad que aún se puede contemplar, con una hermosa fuente central. Las obras se prolongaron durante un siglo y a comienzos del XVII Francisco de Mora trazó la admirable fachada con la que el hospital mira a la ciudad. Luego, en la siguiente centuria, José Martín de Aldehuela reconstruyó la iglesia saqueada durante la guerra de Sucesión y nos regaló otra de sus bellísimas obras interiores. En un ala del patio, la antigua botica es como el remate singular, como el broche decorativo que culmina una obra de arte.

Eso es por fuera. Por dentro, el Hospital de Santiago acumula miles de historias personales, de pobres y peregrinos, de enfermos y militares, de ancianos desvalidos y mujeres desamparadas. A mitad del siglo XX la Diputación quiso comprarlo y a finales se gestionó transformarlo en Parador de Turismo. Todo tan real como la vida misma, que más de 800 años dan para mucho. Desde la calamidad que ahora nos envuelve, miremos a esa venerable institución con la misma serenidad y respeto que desde ella se mira hacia el casco antiguo de Cuenca.

 

 

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