11 02 2021 EL TIEMPO PASA, EL HOSPITAL VA A LLEGAR

 


 
      Forma parte del imaginario colectivo el atribuir a las obras, sean públicas o privadas, una suerte de atracción para todos los desocupados que circulan por los alrededores, especialmente para quienes militan el agradable y vapuleado gremio de los jubilados. Así ha sido, por lo menos, hasta no hace mucho, generando sabrosos comentarios de quienes se dedican a hablar de estas cosas domésticas, incluyendo chistes de los grandes maestros del humor (un recuerdo, siempre, para Forges). Eso ha tenido una aplicación muy clara cuando las obras se realizan en un lugar asequible de la ciudad o el pueblo, pero se tambalea si las grúas y los obreros se van a la quinta puñeta, como si fueran, a estos efectos, clandestinas, fuera de las miradas y la curiosidad de los transeúntes. Es lo que pasa con el nuevo hospital de Cuenca, que está creciendo, a pesar de lo que insisten en proclamar los negacionistas y, a lo que parece, entrando en su tramo final, sin que la ciudadanía pueda compartir de cerca la experiencia de apreciar cómo avanzan las obras y cómo son las circunstancias que las rodean. Otra cosa muy distinta sería si las tuviéramos al alcance cómodo de la mirada y todo el mundo pudiera seguir el día a día de los trabajos.

      Es evidente que esa considerable mole de cemento ya tiene una forma externa definida, a la que ahora deben estar dándole el carácter interno que es propio de un hospital. Imagino que todo eso va encaminado por sus pasos contados hacia el punto final que debe estar próximo, con toda lógica, a la próxima cita electoral en que el trabajo terminado será, previsiblemente, uno de los reclamos más potentes. Cuando llegue ese día habrá quedado detrás un largo, larguísimo proceso, cuyos orígenes se nos pierden ya en el cajón más oscuro de la memoria y en cuyo desarrollo se han sucedido tales episodios estrambóticos que ofrecen materia suficiente para armar un relato casi de ciencia ficción. Dejemos ahora aparcada esa historieta, que seguramente algún día alguien contará con todos sus detalles, para volver al hilo del presente, que es lo que importa.

      Las obras del hospital avanzan, de eso no hay duda y van a terminar en un tiempo razonable, si no hay un cataclismo que lo impida. Esa circunstancia debería ir acompañada de alguna preocupación en los responsables de organizar lo que debería estar preparado para el primer día de apertura del centro que contará con no se cuántos miles de trabajadores y otros muchos miles de usuarios que acudirán diariamente a ser atendidos. A mi entender, a estas alturas ya deberían estar en marcha los mecanismos necesarios para, en primer lugar, acondicionar los accesos al hospital, con todo lo que ello lleva aparejado, pero no parece que en ningún sitio, en ninguno de los organismos implicados, haya excesiva preocupación (ni prisas) por acometer las soluciones necesarias. La fundamental, la de llevar a cabo los accesos, desde la Ronda Oeste, va a necesitar mucho tiempo, desde que se hagan los proyectos y se aprueben, hasta que las obras puedan estar terminadas, teniendo en cuenta la velocidad que llevan por aquí las cuestiones burocráticas. Estaría bueno que el hospital entrara en servicio sin tener ni accesos, ni aparcamientos, ni una línea de autobús que llegue hasta allí de una manera razonable. Como si no hubieran aprendido nada del desastre que acompaña a la estación del AVE, con aquel famoso y olvidado boulevard que iba a comunicar directamente el centro de la ciudad con el descampado maloliente de La Estrella.

       Las obras del hospital avanzan, a la vista está. Convendría que alguien pusiera también en marcha los mecanismos necesarios para realizar el ingente mecanismo de acondicionar toda aquella amplísima zona de El Terminillo y ponerla en condiciones de uso razonable. Estamos hablando de un enorme espacio, de no se cuantos cientos o miles de metros cuadrados que hay que urbanizar por completo, adaptándolo a las nuevas circunstancias. El tiempo corre, y en cualquier momento llegará el día en que el hospital abra sus puertas. No deberían tomarse las cosas con tanta tranquilidad.

 

 

 

 

 

 

 

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