24 10 2020 LOS ANTIGUOS ALMACENES, EN ESPERA DE ÚTIL DESTINO

 


Los antiguos almacenes, en espera de útil destino

      Si alguna vez surgiera en el seno de nuestra dinámica Facultad de Comunicación un proyecto de investigación sobre invenciones y realidades en esta simpática ciudad nuestra, no hay duda que los presuntos buscadores de datos sobre tal tema encontrarían un filón. No estoy en condiciones de afirmar con la certeza de los números que en pocos sitios como en Cuenca se generan tal cantidad de ideas y proyectos que se evaporan casi con la misma rapidez con que nacen. La mayoría, tras una pequeña vigencia durante la que se alimentan los medios informativos desaparecen para quedar sepultados en el olvido, pero hay otros que, con rara contumacia, reaparecen periódicamente para nuevamente conocer un limitado periodo de alegría antes de volver a perderse.

      No se si ese va a ser el destino de uno de esos asuntos recuperado hace unos días, aunque es cierto que de manera tan difusa que ni siquiera creo poder decir que ha vuelto a estar plenamente de actualidad, pero basta que desde los estrados municipales lo hayan recordado para que le podamos dedicar unas palabras, entre otros motivos porque el sitio merece la pena, y conviene señalar el inútil abandono en que se encuentra.

       Los almacenes municipales situados junto a la Plaza de Toros tenían también agregado un pequeño parque de bomberos y adosado un grupo de viviendas, que sigue existiendo y, por cierto, formando un agradable enclave urbanístico que, por estar fuera de la ruta principal (la avenida de los Reyes Católicos) no es muy conocido ni visitado. El complejo tomó forma en la década siguiente a la terminación de la guerra civil y estuvo vigente hasta finales del siglo XX, en que se construyeron nuevas dependencias tanto para bomberos como para almacenes, quedando subsistentes, desde luego, las viviendas. De esa manera surgió un problema tan habitual en Cuenca que, por repetido, no hay que aportar nuevas palabras sino acumular las dichas tantas veces. La cuestión es, claro, qué hacer con esos edificios. Pregunta que, como sabemos, se plantea de manera recurrente tan pronto alguien cae en la cuenta de la existencia de tantos inmuebles vacíos y en desuso.

        Sobre los almacenes municipales cayeron las miradas oficiales hacia el año 2003. En esa época estaba en vigor una cierta preocupación municipal por incrementar y mejorar las dotaciones culturales al servicio de la ciudadanía, con varias ideas en ebullición. Desde luego, era un tiempo que, en ese sentido, no tenía nada que ver con lo que sucede ahora. Para abreviar el relato y ahorrar detalles innecesarios resumiré diciendo que allí se diseñó, teóricamente, un avanzado centro cultural abierto a tendencias propias de la innovación y la modernidad y en el que también tendría cabida una nueva biblioteca de barrio, dentro del plan pergeñado en este terreno, que incluía seis de estas dotaciones. Veinte años después, las bibliotecas de barrio siguen siendo dos.

        El tema estuvo latente varios meses. Se hicieron las inevitables ruedas de prensa, hubo viajes para conocer instalaciones de este tipo en otros lugares de España, llegaron promesas de implicación del gobierno regional y, en fin, toda la parafernalia habitual en estos casos. Con el mismo entusiasmo con que surgieron las ideas se evaporaron y probablemente ya no las recordaban ni los que estuvieron implicados en ellas. Hasta que ahora, como por arte de birlibirloque, alguien ha caído en la cuenta de que los antiguos almacenes municipales están ahí, ocupando un amplio solar, con una serie de edificios que tienen su evidente atractivo arquitectónico, merecedores de ser aprovechados para alguna útil finalidad. Podría ser la que se pensó entonces, u otra parecida. Sólo sería deseable que, si el plan se pone en marcha, pueda llegar a buen fin. Antes de que se vuelva a olvidar.

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