21 11 2020 LARGA ESPERA PARA CONOCER UN POCO DE HISTORIA

 


Larga espera para conocer un poco de historia

       El 21 de noviembre de 1993 publiqué un artículo que terminaba diciendo: “En el subsuelo de lo que aún conocemos como Asilo de Ancianos Desamparados, que en el futuro será Museo de la Ciencia y antes fue Casa-Palacio de los Hurtado de Mendoza, y antes Judería y Morería, y antes Alcázar árabe, han aparecido importantes fragmentos de la Cuenca medieval. Es una oportunidad histórica de recuperar, siquiera visualmente, una parte considerable de nuestra historia. No es cuestión de que ahora organicemos romerías para ir a ver estas ruinas, pero sí sería bueno que pudiéramos contemplar, en un tiempo próximo, una exposición de planos y fotografías de lo que allí se está encontrando”.

      La expresión “tiempo próximo” es naturalmente ambigua y no compromete a nada. Esa proximidad lo mismo puede referirse al día siguiente que a una semana después o el año que viene, pero me da que entre la fecha que he citado al comienzo y la que marca hoy el calendario ha transcurrido tiempo más que suficiente para que las esperanzas entonces insinuadas hubieran podido quedar concretadas en algo visible y tangible. Y con ello, entre otras cosas, se daría respuesta a las personas que con evidente interés se acercan a rodear el espacio exterior de lo que teóricamente corresponde a esas ruinas históricas que se encuentran escondidas bajo el piso de la plaza de Mangana y que apenas si pueden ser entrevistas o adivinadas desde los opacos cristales que la rodean.

       Las obras de recuperación de ese espacio histórico, marcadas singularmente por lo que fue el Alcázar musulmán se han ido desarrollando de manera en verdad parsimoniosa, sin que uno, alejado de los cada vez más complejos y estúpidos mecanismos administrativos, sea capaz de comprender cómo es posible que una obra de ese calibre no consiga llegar a su término de una vez por todas, sino que se nos van entregando pequeñas píldoras, alguna tan discutible como la espantosa protección metálica que se ha situado en la zona correspondiente a El Carmen y que parece contar con los beneplácitos de los responsables del Patrimonio.

        De todo lo que se viene haciendo durante años inacabables en la Plaza de Mangana, el elemento estrella, dicho por los propios responsables del Consorcio en un momento de optimismo, es precisamente la musealización y puesta al descubierto para uso público del subsuelo, donde se encuentran los restos de un pasado cuyos girones se mezclan entre sí y que se remontan a lo más antiguo que se puede conocer de esta ciudad, aquel casi mítico Alcázar árabe que sólo es dable imaginar, como espectacular coronación de las murallas, ciertamente poderosas, que se encumbraban sobre el farallón rocoso natural. Junto a esos restos se encuentran los elementos que menciono al principio y otros más que se han ido identificando, como la sinagoga o la iglesia de Santa María, que los cristianos levantaron sobre ella. Todo eso, que los profanos no sabemos reconocer, necesita la ayuda de los expertos para poder establecer un itinerario coherente, debidamente identificado con cartelas que indiquen qué es cada cosa, cada detalle.

          Terminar de una vez por todas con este larguísimo proceso debería ser un objetivo prioritario de las instituciones responsables, tanto porque no tiene sentido prolongar de manera indefinida una obra, la que sea, como por el evidente interés cultural que ofrecerá a todos, empezando por los conquenses, que podremos conocer de manera muy próxima la realidad de nuestro pasado como turístico, porque la experiencia tiene demostrado que este tipo de propuestas despiertan una gran curiosidad en los visitantes. Basta con ver con qué ganas se acercan ahora a las cristaleras, para no ver prácticamente nada.

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